HABILIDADES SOCIALES

36.jpg

Para tener una buena convivencia en cualquier tipo de organización, y más en la educativa, es importante reconocer el papel fundamental de diferentes habilidades sociales ya que son básicas, útiles y necesarias para todos. Además, las habilidades sociales jugarán un gran papel a lo largo de sus vidas, ya que, con su conocimiento y construcción, lograrán tener más éxito en todos los ámbitos de sus vidas.

Las habilidades sociales se definen como el conjunto de conductas necesarias para que nos permita relacionarnos e interactuar con los demás, de forma efectiva y satisfactoria. Al ser conductas aprendidas, es decir, que no nacemos con nuestro propio repertorio de habilidades, con nuestro desarrollo y crecimiento vamos incorporando las habilidades sociales necesarias que permitan una mejor comunicación para relacionarnos con nuestro entorno.

Concretando en aquellas habilidades que se consideran imprescindibles para conseguir una mejora de la convivencia en el aula y fuera de ella, se mencionan la autoestima, la asertividad, la empatía y la importancia del trabajo en equipo que ayuda a fomentar la cohesión del grupo.

La autoestima es el valor que nos damos a nosotros mismos. El problema aparece cuando existe una autoestima demasiado alta o autoestima baja. El objetivo es conseguir una adecuada autoestima. Algunos investigadores sostienen que los adolescentes agresivos presentan una autoestima más baja que aquellos sin problemas de conducta. Además, los adolescentes víctimas de acoso escolar se perciben así mismos más negativamente en los ámbitos social y emocional de la autoestima. Una buena autoestima ayudará a mejorar en el resto de habilidades sociales.

La asertividad es la capacidad de expresar directamente los propios sentimientos, opiniones y pensamientos y defender nuestros derechos, en el momento oportuno, de la forma adecuada sin negar ni desconsiderar los sentimientos, opiniones, pensamientos y derechos de los demás.

La empatía es la competencia emocional y social más relevante. Capacidad de una persona para ponerse en el lugar de la otra, entender sus necesidades, motivaciones, sentimientos y problemas, incluso antes de que la otra persona sea consciente. La carencia de empatía en los alumnos y alumnas acosadores explica su incapacidad para ponerse en el lugar del acosado y ser insensible ante el sufrimiento de éste.

El trabajo en equipo será fundamental para ayudar a crear lazos de unión entre todos los compañeros de clase, así como aprender a convivir con las diferencias de sus compañeros y lograr alcanzar un objetivo común a través la ayuda mutua.

Lorena destaca “Cuando estudié el ciclo conocí otro mundo de la enseñanza con el que hasta ese año no había visto, un método en el que los profesores se interesaban por que se entendiese cada uno de los conceptos que explicaba, dónde aprendí gran variedad de habilidades sociales, compañerismo, un trato muy cercano desde los profesores hacia nosotros los alumnos”.

En los colegios españoles el conocimiento, construcción y ejecución de las habilidades sociales es prácticamente nulo. Aunque cada vez más colegios estén implantando y organizando programas para introducir las habilidades sociales, en la mayoría de los casos se trabaja de forma transversal o no se trabaja.

Patricia comenta “Marta nos enseñó a quitarnos esa coraza que todos llevamos, a ser seres de luz, la ayuda al prójimo, la empatía a nivel más superlativo de la palabra, a controlar la asertividad y a gestionar nuestras emociones de manera correcta. En definitiva, nos enseñaron a pensar como aquel que dice, a ser críticos con la sociedad y a movernos en el mundo en la búsqueda de conocer a los demás, una vez que nos hemos conocido a nosotros mismos”.

Las orientaciones para la formación inicial docente señalan que una formación integral debe basarse en cuatro pilares: “aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir” (Delors, 1996). Para todo ello se requiere que en el sistema educativo se haga especial hincapié en las habilidades sociales.

AGENTE DE CAMBIO

dia-conciencia-vejez-abuelos-frases-euroresidentes

Hoy, en clase, me he quedado contrariada. Desde que ocurrió no he dejado de darle vueltas. El grupo Inmarcesibles ha hecho una exposición sobre su trabajo en el blog. Uno de los puntos era este, agente de cambio, un concepto que las personas que nos queremos dedicar a la pedagogía social tenemos siempre muy presente.

La dinámica consistía en que en la pizarra digital se proyectaban distintas frases que a su vez iba narrando Zuleima y el resto de la clase teníamos que dirigirnos hacía donde estaban escritas las distintas categorías de su blog. Las categorías eran las siguientes: cultura y tradición, educación y agente de cambio. Una de las diapositivas era esta:

 

Mis compañeras y compañeros se pusieron tras la cartulina de costumbre y tradición y,  podría ser, pero yo no estoy del todo de acuerdo. De hecho, fui la única que me quedé en el cartel de agente de cambio. Jesús me preguntó si de verdad pensaba que era eso o si no me movía porque era vaga. Le dije la verdad, lo creía y no solo eso, estaba convencida de ello.

Una abuela. ¿Existe alguna persona en el mundo que sea más agente de cambio que una abuela? Yo creo que no. Desde luego no más que las que yo he tenido. Si hay alguien experimentado en educación y en organización son las abuelas. Una abuela es la ministra de economía de su casa, la de educación, la de salud y bienestar, la de fomento, alimentación, cultura y, sobre todo, ministra de defensa.

Si entendemos por agente de cambio a aquella persona que crea vínculos con lo emocional, lo inconsciente, lo inmaterial y fomenta tu potencial y lo que hay bueno dentro de ti, yo no tengo ninguna duda.

Elegí bien la cartulina donde me posicioné.

Los abuelos y las abuelas han contado con un papel importantísimo en la transmisión de valores emocionales y sociales, principalmente a los más pequeños de la casa. Además se han convertido en un elemento provisor del bienestar familiar imprescindible ya que su dedicación, en algunos casos, es completa.

Buz y Bueno (2006: 8-9) señalan que “tradicionalmente los abuelos han sido cuidadores secundarios de sus nietos, aunque en la actualidad este rol no sólo se mantiene, sino que al haber cambiado las circunstancias, muchos abuelos deben ejercer de un modo más activo su papel”