
El constructivismo es una corriente pedagógica basada en la teoría del conocimiento, donde el aprendizaje es muy activo y está basado en la experiencia. Se basa en las investigaciones más novedosas 1950 y basan sus principios fundamentales en autores como Piaget, Bruner, Ausbel, Vigotsky, Luria, o Leontiev, entre otros.
La esperanza para los y las profesionales constructivistas es hacer tambalear las estructuras cognitivas de los educandos y hacerlas de nuevo, pero más sólidas, mediante el conocimiento y el conflicto cognitivo. Solo así hay aprendizaje, cuando colisionan ideas nuevas con las que ya tenían en sus estructuras cognitivas.
Piaget decía “Lo que vemos, cambia lo que sabemos. Lo que conocemos, cambia lo que vemos”.
Los constructivistas piensan que el aprendizaje no se puede medir y que, por ende, las calificaciones no tienen sentido. Sin embargo, es mucho más fácil entender una mentira que entender que no se puede medir.
En esta teoría la enseñanza es un acto voluntario, que busca conflicto cognitivo, que requiere del lenguaje para hablar y discutir, y de la colaboración para vivir experiencias. No se puede obligar a nadie a aprender y por ello lo importante es despertar el interés y la motivación del alumnado.
Ahora que ya sabemos que el aprendizaje no se puede medir, ¿cómo vemos su calidad? Observando su hay transformación, discusión, participación…
“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción” escribió Paulo Freire en 1996 en su libro Pedagogía de la Autonomía.
Patricia, en su biografía educativa dice “Mi profesor, Nando, y mi profesora, Marta, nos enseñaron a desnudar nuestra alma y nos llenaron el corazón de cosas bonitas. Nando nos inculcó el valor de la tolerancia y de la humildad, el respeto y a la vez el pensamiento crítico. Por otra parte, Marta nos enseñó a quitarnos esa coraza que todos llevamos, a ser seres de luz, la ayuda al prójimo, la empatía a nivel más superlativo de la palabra, a controlar la asertividad y a gestionar nuestras emociones de manera correcta. En definitiva, nos enseñaron a pensar como aquel que dice, a ser críticos con la sociedad y a movernos en el mundo en la búsqueda de conocer a los demás, una vez que nos hemos conocido a nosotros mismos. Nunca antes profundicé tanto en mi interior. Nunca sentí tanto apoyo. Nunca fui tan curiosa…”
Lorena, que también habla de los mismos profesores asegura “Esas clases del ciclo de integración social son las clases dónde más han sabido exprimir cada conocimiento, dónde hemos aprendidos unos de otros, dónde los profesores se mostraban a nuestro nivel y dónde no existía una jerarquía muy marcada durante las clases mientras hubiera respeto entre todos”.
Pérez Gómez decía “Lo ideal es que se pongan en relación los dos conocimientos. El concepto de conocimiento elaborado en la escuela y el de la experiencia”. Por ello, creemos que nuestra labor no es enseñar, nuestra labor es crear un entorno que fomente muchas maneras de aprender.