
Durante el transcurso del cuatrimestre hemos podido aprender que la enseñanza programada es un instrumento que escoge a ciertos aventajados para que sean los listos de la clase y al resto les pide interés para corregir lo que aparentemente son inaptitudes con respecto al estudio.
Los centros educativos más elitistas se identifican con programas educativos muy exigentes, parece que cuanto más tenga que asimilar el alumnado, mayor es el nivel y que son los profesores que apremian a sus discentes, porque deben seguir con lo que está prediseñado, los que se preocupan más por ellos y ellas. Se ocupan, únicamente, de mantener el nivel porque así, supuestamente, van a pasar selectividad sin problemas.
Según la experiencia de Patricia: “Del profesor que guardo peor recuerdo es de uno que tuve en matemáticas. En mi caso, siempre he sido especialmente torpe para esta asignatura pero en líneas generales a la clase nos estaba costando más que otros años. Sin embargo, él decía que no podía pararse a explicarlo otra vez porque no tenía tiempo. Al final, lógicamente, la mitad de la clase nos apuntamos a clases de matemáticas en una academia y aun así hubo un alto número de suspensos”.
Sin embargo, obviamente, una vía de selección es opuesta al camino del aprendizaje. No obstante, se encarga de todo lo referente al sistema educativo. A pesar de que carece de lógica porque cuando se termina la etapa, o incluso antes, es común olvidar todo lo que se ha impartido en clase.
Lorena, en su autobiografía comenta: “Cambió el profesor, pero seguía siendo igual de exigente y el aprendizaje era totalmente memorístico. Era una cadena de explicación, ejercicios, tarea y examen”.
Ante esto, nuestra única baza es aprovecharnos de un pequeño margen de maniobra para buscar metodologías alternativas que intenten garantizar el éxito de la mayoría o, al menos, crear un ambiente donde se propicie el aprendizaje relevante.
“A los profesionales de la enseñanza no se nos paga para enseñar, sino para seleccionar; y algunos lo hacen con un celo extraordinario”. (Gertrudix, S. 2008)